PRESENTACIÓN DE LAS PUBLICACIONES DEL BICENTENARIO DE ANDRÉS COINDRE

 

En 2021 celebrábamos el Bicentenario de la fundación del Instituto. Fue una buena ocasión para dar gracias a Dios por los frutos nacidos de la inspiración del Padre Andrés Coindre, así como del valor y del compromiso de los primeros hermanos al servicio de Cristo. Sabemos bien que los años posteriores a 1821 estuvieron jalonados de hitos importantes: reconocimiento del Instituto, primer capítulo general, primeros votos públicos y, desgraciadamente, la muerte del fundador en 1826.

 

Al acercarse el bicentenario de su muerte, la Comisión para la Promoción del Carisma de Fundación (CPCF) nos propone adentrarnos y meditar sobre su vida y legado mediante una nueva serie de publicaciones, mientras seguimos descubriendo y profundizando en el carisma recibido, inmersos en un mundo en constante evolución.

 

El carisma puede parecer confuso a veces, más sentido que comprendido. Sin embargo, lo reconocemos al entrar en un ambiente construido sobre sus valores e imbuido de su espíritu. Por el contrario, notamos su ausencia cuando las reglas y prácticas no reflejan convicciones profundas sobre la misión de servir a los niños y jóvenes.

 

Así pues, esta serie de textos nos brinda la oportunidad de explorar una vez más la vida, los escritos y la experiencia del Padre Andrés Coindre para reflexionar sobre sus frutos. Además, sigue estableciendo un diálogo entre el pasado, el presente y el futuro sobre la inserción de este carisma en nuestra misión. Que esta reflexión nos impulse a buscar soluciones innovadoras a los desafíos emergentes de la juventud de hoy. Nuestra misión es manifestar fielmente el carisma a través de nuestra búsqueda de respuestas, nuevas y antiguas, a las necesidades de los jóvenes de nuestro tiempo.

 

En mi opinión, la imagen del árbol de la vida ilustra este proceso de reflexión. Muestra la importancia de las raíces bien arraigadas en el carisma, en el corazón de Cristo, que florecen a través de nuestra fidelidad a la gracia recibida. En todo lugar, estamos llamados no sólo a llevar esperanza a través de nuestra misión educativa, sino sobre todo a encarnar esta esperanza en nuestra forma de vida y en la profunda convicción de que Dios se sirve de nosotros para derramar en abundancia su amor y su gracia sobre nuestros hermanos y hermanas.

 

¡Ametur Cor Jesu!

 

 

Hno. Mark Hilton SC

Superior general